miércoles, 27 de enero de 2010

Contrastes


«This idea of contrasts, contradictions, paradox, I think, is the heart of what novel writing is for me. It's a way for me to express my own contradictions». Paul Auster
(Pienso que esta idea de contrastes, contradicciones, paradojas, es el corazón de lo que es escribir una novela para mí. Es la forma de expresar mis propias contradicciones).

A veces, para practicar los tiempos narrativos de los que tanto hemos hablado en el taller de escritura, es necesario, como en los tiempos vividos, tomar distancia.

Distanciarnos nos ayuda a hacer nuevas lecturas, nuevos enfoques… Algunos lo llaman dar forma a las ideas, corregir los textos hasta que adquieran la forma final que más se ajuste a lo que queremos contar. Otros dicen que es necesario aquietarse para saber mirar y ver lo no evidente. Porque la realidad, como los libros, es ambigua y contradictoria. Paul Auster dijo en relación al título de su último libro que «todo el libro habla de la ambigüedad, por eso se llama Invisible, porque es imposible abarcar todo lo que pasa desde un solo punto de vista».
En este nuevo año iremos colgando en el blog algunos de los ejercicios que practicáis en el taller, con la finalidad de tener la posibilidad de releer y aportar ideas para mejorarlo.
Aquí tenéis un recuerdo escrito en presente histórico, es decir, conjugando los tiempos en presente, a pesar de hablar de hechos sucedidos con anterioridad.

RECUERDO EN PRESENTE HISTÓRICO


En mis ajetreados sueños, mi vida continúa allí. Y vuelvo a tener coletas de rubia infanta mientras observo a Jacinta lavar la ropa en su pozo, cobijada bajo dos gigantes nogales. Tiene el recio pelo negro, con generosas raíces blancas. La cara, rosa, descamada en las mejillas. Y su fiel sonrisa de encías, con un solo diente resistiendo triunfante en el centro de su mandíbula inferior.

Jacinta rompe con las manos desnudas el hielo depositado en la pila situada junto al pozo. Con su laso jersey rosa remangado hasta los codos y su bata cruzada en la cintura, sumerge las mudas, las restriega, levanta y vuelve a sumergir. Lo hace sonriendo y sin vacilar, como si lavar la ropa con aquella agua helada le diera la vida cada mañana.

Camino entre los pinos, que reconocen ya mis pasos. Escucho indescifrables conversaciones de cucos o abubillas y, de fondo, como una medida cadencia, el tamborileo de un pájaro carpintero afanándose por terminar su hogar. Atrapo en el aire el aroma que me ofrecen las resinas, y en mi memoria, la estampa de las copas de los árboles más altos rozándose con el viento en remolinos.

En primavera recojo espárragos trigueros hasta que apenas me caben en las manos. Entonces vuelvo a casa por la vía, que antaño fue feliz con los trenes de pasajeros alegres; después, orgullosa de los vagones con mercancías, y ahora permanece un tanto triste, sin oficio que la ocupe. Voy sorteando las afiladas piedras, contando las dobles traviesas y haciendo equilibrios sobre los raíles, imaginando el peligro de encontrarme a una altura muy superior a la real.

Corro por el pequeño camino que va a dar al grande. Chapoteo en el canal de Castilla rodeada de amigas y libélulas, que parecen haber robado al arcoíris sus bellos colores. De pronto, entre las risas y las voces cantarinas, un sobresalto oscuro golpea mi pecho como una advertencia: reparo en que tengo veintitrés años y en que mi mudanza a la ciudad es mañana.

Manuela Mangas Enrique (Velliza).

Es vuestro turno. Esperamos vuestros comentarios y, si queréis, vuestros relatos. Y no olvidéis seguir leyendo alguno de los libros de Auster. Pronto os avisaremos de una actividad que tendremos en febrero sobre su obra.